La virtud romana y la indignidad cristiana

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Para contextualizar el tema que abordaremos hoy, remitiremos al lector a aquellos dos artículos que publicamos hace cosa de año y medio titulados De Atenea a Jesucristo. Pero para aquellos que no dispongan de tiempo ni ganas de tanta lectura, recordaremos la gran paradoja que entonces dedujimos: la bondad deshumanizada de Jesús de Nazaret resultó en un legado milenario que ha envilecido nuestro mundo.

«Los hombres hacen la religión, y la religión hace a los hombres», dijimos en aquella ocasión. Ya ejemplificamos esta idea mencionando a los vikingos, un pueblo forjado en unas condiciones ambientales extremas que no conocía la paz, gente alta y poderosa cuya máxima aspiración era morir en combate para que las valkirias descendieran de los cielos y los llevaran al Valhalla. Los atenienses, un reducto de civilización en medio de un mundo antiguo y brutal, adoraron por encima de cualquier deidad a Palas Atenea, diosa de la sabiduría, las artes y la guerra, circunstancia que les permitió retroalimentar su identidad y producir multitud de grandes hombres de provecho en un período de tiempo ridículo. Sigue leyendo

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Crítica de Juego de Tronos: El Trono de Hierro 8×06

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Tras ocho años de emociones, al fin llegó el último capítulo de Juego de Tronos, y muchos de nosotros ya hemos comenzado a sentirnos huérfanos de nuestra serie favorita. El destino de los distintos personajes resulta agridulce, como ya sabíamos que sería; pero la coherencia de los hechos que han propiciado estos desenlaces hace aguas por los flancos, y queda la sensación de que todo requería más elaboración, ingenio y tiempo, y duele ver a muchos de los protagonistas maltratados por este minimalismo narrativo. Toda obra es en gran medida el final que se le da, y hemos de lamentar cierta falta de calidad en El Trono de Hierro.

Debéis saber que esta crítica contiene spoilers, de modo que si aún no habéis visto el capítulo, dejad esta lectura para más tarde. Sigue leyendo

Crítica de Juego de Tronos: Las Campanas 8×05

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Es extraño que una película, o el capítulo de una serie, pueda ser excelente en determinados momentos para después mostrar incoherencias y defectos groseros. Esta es la razón por la que para algunas personas Las Campanas es una obra maestra, mientras que para otras es un despropósito más de la octava temporada de Juego de Tronos. Trataremos de separar el trigo de la paja reconociendo sus puntos fuertes y censurando sus deficiencias.

Si aún no habéis visto el capítulo, volved cuando seáis inmunes a los tañidos de los spoilers. Sigue leyendo

Crítica de Juego de Tronos: Los Últimos de los Stark 8×04

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Las intrigas políticas, que durante muchas temporadas fueron la seña de identidad de la serie, han vuelto a Poniente, y aunque apenas quedan un par de capítulos para el final de Juego de Tronos, más vale tarde que nunca. Lord Varys, Sansa Stark y Tyrion Lannister han sido las tres grandes figuras de Los Últimos de los Stark, un capítulo que lleva entreverados en su virtud varios errores absurdos y un guion conservador y forzado, que desencadena los acontecimientos con una falta de naturalidad decepcionante.

Si no habéis visto el capítulo, dejad esta lectura para después, que de aquí no nos moveremos. Sigue leyendo

Crítica de Juego de Tronos: La Larga Noche 8×03

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El hielo y el fuego. Los muertos contra los vivos. La batalla más espectacular jamás vista en televisión, todo un acontecimiento visual que consigue mantener la tensión desde el primer minuto hasta el último, con un final sorprendente; todo ello aderezado con una banda sonora (Ramin Djawadi, ese hombre) que intensifica los momentos épicos y los dramáticos con brillantez. Y, pese a todo lo mencionado, La Larga Noche se aparta de la esencia de Canción de Hielo y Fuego, y esta ausencia del estilo de George R. R. Martin convierte el capítulo en un producto que, aunque mejor que casi todo lo que hay, no es distinto, y si por algo se ha caracterizado Juego de Tronos a lo largo de esta década es por ser una serie que, además de mejor, ha sido diferente.

Los que no hayáis visto el capítulo bajad a las criptas, que se acercan spoilers. Sigue leyendo

Crítica de Juego de Tronos: Caballero de los Siete Reinos 8×02

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El segundo capítulo de la octava temporada de Juego de Tronos ha sabido colocar las piezas de forma aceptable, antes de que el Rey de la Noche llegue a Invernalia y comience a sacudir el tablero. No son pocos los que están decepcionados con el Caballero de los Siete Reinos, pero tengo para mí que esto se debe más a que venimos de un primer capítulo mediocre y ñoño, y el espectador está hambriento de acción, y no tanto a la calidad del producto en sí. Más allá de algunos desajustes que mencionaremos, ha sido un buen capítulo.

Antes de continuar con la lectura coged el vidriagón, que vienen spoilers. Sigue leyendo

Crítica de Juego de Tronos: Invernalia 8×01

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El comienzo de una nueva temporada de cualquier serie nunca es tarea sencilla, menos si hablamos de Juego de Tronos, porque las expectativas están tan elevadas que es complicado que un capítulo cuya función principal es plantear tramas tenga, al mismo tiempo, la carne y la sustancia suficientes para saciar el apetito de un espectador que lleva 595 días sin llevarse nada a la boca.

Juego de Tronos ha enfrentado este problema con solvencia en temporadas anteriores: en la última, Arya pasaba lista a los Frey en Los Gemelos; en la primera, un guardia real cerraba el capítulo acostándose con su reina, que también era su hermana, y empujando a un niño de nueve años por una torre. Sin embargo, Invernalia, el primer capítulo de la octava temporada, no ha sabido enfrentar este problema y ha carecido de la capacidad de conectar y sorprender al espectador, pecados imperdonables de los que debe estar libre toda serie, película o libro. Sigue leyendo

Quiniela de hielo y fuego

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Como ya sabéis, esta primavera comienza el invierno, así que he decidido escribir este post con mis dieciocho pronósticos para la última temporada de Juego de Tronos. Considero que la mayoría son bastante atrevidos, así que no me tengáis muy en cuenta si a la postre no acierto ninguno. Junto a ellos he redactado mi hilo de razonamiento para que se entienda que no estoy disparando a lo loco. Son los siguientes: Sigue leyendo

Los black Irish

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Las andanzas de aquellos españoles que tuvieron que sobrevivir durante meses en la isla de Irlanda en 1588, entre los cuales el más insigne es el capitán Francisco de Cuéllar, han dado lugar a una leyenda que el folclore irlandés ha mantenido viva hasta nuestros días.

Este mito viene a decir que los irlandeses contemporáneos de cabello oscuro, piel predispuesta al bronceado y ojos castaños son el efecto de la causa que surgió entre los soldados de la Gran Armada y las nativas irlandesas. Dada la facilidad que han mostrado los españoles para dejar su huella biológica allá donde han desembarcado, y vista la amistad que dice trabar Cuéllar con algunas mujeres de la isla –«había unas mozas muy hermosas, con las cuales yo tenía mucha amistad (…)»-, no es disparatado pensar que algunos de esos soldados, entre tanta persecución luterana, hambre y muerte, tuvieran tiempo de entregarse a los encantos de sus cuidadoras.

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El Ulises español

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Ocurrió durante la guerra anglo-española (1585-1604). Los piratas sir John Hawkins y su primo sir Francis Drake atacaban continuamente los asentamientos españoles en las Indias e Isabel I de Inglaterra, la Reina Virgen, estorbaba la causa española en Flandes. En este contexto, Felipe II decidió fletar la Grande y Felicísima Armada para destronar a la reina. El duque de Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán, partiría de Lisboa rumbo a Flandes, donde el duque de Parma, Alejandro Farnesio, estaría esperando con sus tercios (unos treinta mil hombres) para proceder a la invasión de Inglaterra. Sigue leyendo

Jaime Lannister y don Quijote de la Mancha

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Un personaje de ficción ha de ser sometido a dilemas, a situaciones extremas en las que tendrá que mostrar quién es en realidad en función de sus decisiones y actuaciones. Estas circunstancias creadas por el autor son las escenas, que a su vez componen los actos de la obra. Es evidente, pues, que una obra es tan buena y atractiva como lo sean sus personajes. No sirve de nada describir al protagonista como valiente si no se demuestra lo que es capaz de hacer en una tesitura que requiera valor. Esto es aplicable no solo al arte, sino a la vida misma: cualquiera es capaz de reconocer la virtud y señalarla con el dedo, pero cuando es preciso estirar el brazo para tomarla para sí, pocos son los realmente virtuosos. De ahí la sentencia socrática somos lo que hacemos. Sigue leyendo

De Atenea a Jesucristo (II)

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Terminamos la primera parte afirmando que los hombres han tendido siempre a crear una religión que sea apropiada para alimentar su propio espíritu.

Así pues, los griegos, que eran un pueblo civilizado en un mundo hostil y bárbaro, no obviaron su singularidad, sino que la acicatearon como una seña de identidad: así lo muestra el protagonismo que otorgaron a Palas Atenea, diosa de la sabiduría, de la guerra y de las artes. Pocos siglos después se produciría el advenimiento de Roma. Romanos y griegos se conquistaron mutuamente: los primeros lo hicieron con lanzas y espadas; los segundos, con su cultura. Adquirieron de este modo los romanos una religión hija de la griega; pero eran pueblos e idiosincrasias distintas. ¿Qué caracterizaba a la nación romana sobre las demás? Ya no era el conocimiento (aunque a la postre también lo sería) como los griegos, sino la fuerza de las armas. De este modo Ares, ahora llamado Marte, se convirtió en una deidad muy apreciada; tanto, que los poetas patrios lo convirtieron en el padre de Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma. Habíamos mencionado también el ejemplo de los vikingos, una raza de hombres más alta y fuerte que las demás, forjada en unas condiciones climatológicas durísimas. Para los nórdicos, la paz era un estado anómalo; casi diríamos un concepto inexistente. No es extraño que su religión favoreciera la beligerancia premiando a los que morían en combate con una suerte de día de la marmota con banquetes y dioses en el Valhalla, etc.

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De Atenea a Jesucristo (I)

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La ladera del Acrópolis de Atenas es un lugar especial. Cuando uno camina por los senderos adoquinados, ve esas rocas de color arena sobresaliendo entre los jardincillos y toca los olivos silvestres de troncos retorcidos, es casi un imperativo sentarse bajo su sombra y dejarse absorber por la atmósfera.

La relajación y el ambiente estimulan el pensamiento. Así pues, uno se viene a preguntar por qué la trinidad formada por los filósofos Sócrates, Platón y Aristóteles; los historiadores Jenofonte o Herodoto; los dramaturgos Esquilo, Sófocles y Eurípides o el comediógrafo Aristófanes; el político ateniense Pericles, que gobernó Atenas en la edad dorada de la ciudad; el rey Alejandro Magno y su padre Filipo II de Macedonia; el escultor Fidias; los Siete Sabios de Grecia que precedieron a todos los anteriores o el matemático Pitágoras, entre otros muchísimos, florecieron en un mundo tan antiguo (pero no primitivo) y en un espacio de tiempo tan determinado. La pregunta queda ahí, entre oreja y oreja, ululando como un mochuelo.

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Las ideas nuevas

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Cuando se habla sobre la mente humana, a menudo se establece la dicotomía que incluye sentimientos y razón, pero esta concepción no implica que un atributo sea independiente del otro. El conocimiento, la sabiduría y la experiencia pueden (y deben) influir en el individuo, de tal modo que le hagan sentir apego por personas, ideas, etc. de un valor más elevado que cuando no estaba influido por toda esa riqueza vital e intelectual. De este modo la razón orienta, hasta cierto punto, los vástagos del sentimiento, e incluso llega a provocar brotes virtuosos. La defensa de la inmutabilidad del sentimiento y de la imposibilidad de luchar contra él es una exageración de los románticos y un recurso del que se valen las mentes perezosas, para seguir siéndolo.

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Día Internacional de la Mujer: Lisístrata

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En la literatura, ni siquiera hoy en día las mujeres llegan a protagonizar las obras en la misma medida que los hombres. Por ello me parece doblemente notable que Aristófanes, el más célebre de los comediógrafos griegos, escribiera hace más de 2.400 años una obra cuyas protagonistas principales son mujeres, transcurriendo además la trama durante un conflicto bélico: la Guerra del Peloponeso. Serán ellas, todas las mujeres griegas, quienes lograrán terminar con la beligerancia que mantiene a sus maridos fuera de sus casas… aunque lo harán a través de un modo nunca antes visto. Sigue leyendo

Calificaciones odiosas

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Existe un principio aristotélico fundamental que dice que para poder comparar dos cosas, estas han de ser distintas. Sería absurdo entrar en un supermercado y comparar dos chupa-chups del mismo sabor, ya que la comparación exige, al menos, una dualidad. Y por el otro extremo, sería igual de absurdo coger uno de esos chupa-chups y compararlo con una barra de pegamento Pritt, pues aunque son cosas distintas, no están dentro de la misma dimensión conceptual, sirven a distintos fines y causas. Bueno, al menos teóricamente, porque sobre gustos no hay nada escrito. Lo que quiero en síntesis significar es que dos realidades, para ser comparadas, además de ser distintas (distanciación), deben estar dentro de una misma dimensión conceptual (aproximación). Siguiendo el ejemplo planteado, lo correcto sería comparar un chupa-chups con otro de distinto sabor, e incluso con otro tipo de chuchería.

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La decepción de la Fuerza

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No es la primera vez que me pasa. Cuando leo un montón de críticas positivas y después salgo decepcionado del cine, me pregunto: «¿Untarán a los críticos para que escriban con aceptación sobre este bodrio que me acabo de merendar?» Las masas leen las críticas, se entusiasman y corren a dejar su dinero, que fluye como el vino en un día de fiesta para engrosar las sacas de guionistas y directores con poco talento y menos originalidad. Es cierto que J. J. Abrams no merece tanta acritud, pero no lo es menos que su «El Despertar de la Fuerza» no ha cumplido las expectativas creadas. Poneos el cinturón de seguridad, que vienen spoilers.

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Haters gonna hate!

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Todos los orificios corporales emiten deshechos, a cada cual más asqueroso. Dicha asquerosidad es, cosa curiosa, directamente proporcional a la satisfacción que produce la efusión. Tendrán que perdonar esta reflexión escatológica los lectores más aprensivos y esa minoría a la que sí que gustan dichas emisiones (no quisiera ser irreverente con los desordenados sexuales); pero no he podido evitar establecer una analogía con la también satisfactoria sensación que produce la queja, la filípica e incluso la imprecación en quienes las profieren a través del orificio bucal, porque cuanto más acres y agresivas son, más a gusto se queda uno: haters gonna hate!

Hace unos días, antes de salir por la noche, me encontraba en mi casa con tres amigos y amigas tomando unas cervezas. Haciendo la previa, que dirían en la Argentina.

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Diógenes el Perro

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En muchos movimientos del pensamiento y de la creación artística o literaria cabe destacar dos figuras, que suelen ser la del fundador y la de su más señalado representante. Así ocurre con la Escuela Cínica. Antístenes fundó esta corriente reinterpretando las enseñanzas de su maestro, Sócrates, ideando un estilo de vida consistente en la total ruptura con las convenciones sociales imperantes. Incluso en aquella época, esto suponía un reto considerable.

Desprenderse de todo género de bien y abrazar la vida errante eran requisitos indispensables para vivir conforme a la verdad: los dioses habían hecho la vida de los hombres sencilla, pero estos se habían encargado incesantemente de complicarla. La franqueza en la expresión, la irreverencia ante lo social y la indiferencia ante la opinión ajena eran los valores del cínico.

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Alejandro y Diógenes

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Los Juegos Ístmicos están a punto de comenzar, el sol brilla en lo alto y Alejandro Magno está en Corinto. Es un día especial. La mayoría de los lugareños nunca ha visto a un rey, y miles de personas concurren excitadas por la ciudad.

Pero él no está demasiado interesado en los juegos ni en las ovaciones de la plebe: está en Corinto porque quiere ver a alguien. El rey pregunta, y rápidamente es respondido. Le informan de que el hombre que busca está con frecuencia bajo unos pórticos cercanos, viviendo en la más absoluta mendicidad. La escolta se prepara, el paso se abre, el rey se encamina seguido de toda la pompa propia de su regia dignidad. Miles de corintios, curiosos de la curiosidad del rey, acompañan la procesión.

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El 12 de octubre y la polarización indebida

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Los movimientos ideológicos surgen con frecuencia en oposiciones binarias: cuando un individuo decide ser tonto por el oeste, inmediatamente surge otro aún más tonto por el este. Esta realidad se puede palpar en los desencuentros entre los distintos partidos políticos, incluso en los asuntos más triviales.

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Los Bastardos

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Este blog estuvo a punto de llamarse Legítimos Bastardos. De hecho, fue únicamente lo mucho que tardé en crearlo lo que me hizo pensarlo demasiado (como a menudo me ocurre) y sustituir el nombre por Cadetes de Gascuña. Los cadetes son aprendices, aspirantes a algo, rebosan juventud y son beligerantes, todos ellos requisitos indispensables para todo hombre o mujer que pretenda avanzar en lo que llamaremos el buen camino.

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El quejica social

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Hubo un día en que un primate alzó los brazos al cielo para quejarse del sol de la sabana africana, de los piojos que le pululaban por la cabeza y de un sinfín de incomodidades más, y este gesto lo convirtió en hombre. En homo sapiens, quiero decir. Sus congéneres vieron en él algo de precursor, y no pudieron evitar tomar su conducta como modelo de comportamiento y actitud ante el mundo.

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Nueva página en Facebook

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Hola, amigos!

Como podéis ver, Cadetes de Gascuña ya tiene su página en Facebook para que podáis seguir las publicaciones de los artículos puntualmente. Os haré llegar un invitación a la página. Ahora que ya ha pasado la parte más caótica del verano comenzaremos a publicar de nuevo en septiembre, mes de nuevos proyectos, ilusiones y metas. Espero que los lectores que estuvisteis los primeros seis meses continuéis en esta segunda temporada, y también que los nuevos encontréis en este blog algo que de un modo u otro pueda aportaros.

Uno escribe para sí mismo, pero siempre con la esperanza y el deseo de llegar a los demás.

Saludos! 😉

Historia de Castro III: piratería y colonia inglesa

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A principios del siglo XIV, la ya histórica región de Gascuña, país de mosqueteros que en las novelas de Dumas tendría el honor de ser la tierra natal de D’Artagnan, se encontraba bajo dominio inglés. Existía un vivo comercio entre las Islas Británicas y esta región del suroeste francés, de modo que las naves traficaban incansables colmadas de mercancías, tentación irresistible para marinos de aficiones piráticas tan arraigadas como los castreños.

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La amistad, el amor y Aquiles y Patroclo

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Estas reflexiones son fruto de la lectura de la Ilíada. En esta epopeya Aquiles, Patroclo y la relación entre ambos presentan sensibles diferencias con respecto a la famosa película de Troya. No engordaremos este post con las visiones de filósofos y pensadores ni con las de ningún personaje de la antigüedad ni de la modernidad. Solo pasaremos muy de puntillas por las diferentes posturas, para desarrollar después la nuestra:

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El pedo de un electrón

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«(…) Que nunca se discuta una proposición el mismo día en que sea presentada, sino que se aplaque hasta la sesión siguiente, para que ninguno diga atropelladamente lo que primero le viniere a los labios y tenga después que buscar argumentos para defenderlo (…) llevado de una vergüenza malvada y fuera de lugar, que le haga anteponer la propia reputación al interés del Estado y no dejar translucir que no reflexionó, cuando, si lo hubiera hecho al comenzar, habría hablado con más conocimiento de la cuestión que con ligereza

Tomás Moro y Utopía

Este texto fue escrito hace 500 años por Tomás Moro (1478-1535) en su Utopía, obra inmortal que en su segunda parte describe la isla homónima y ficticia cuya sociedad es ordenada y pacífica. Este extracto habla del correcto proceder en el Senado. No te espantes, lector, por citar a pensadores muertos hace siglos y recordados por escribir obras que para el común de los mortales resultan ininteligibles. Solo partiremos de la materia anunciada para hablar sobre el amor propio, y cortamos ya mismo con Moro y su Utopía del mismo modo que Enrique VIII cortó la cabeza de este buen filósofo. Sigue leyendo

El día que soñé con Julio César

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Tengo tendencias noctámbulas, así que de vez en cuando se dan ocasiones en que durante el día estoy demasiado cansado como para leer, y me pongo la tele. Haciendo zapping en una de estas ocasiones terminé viendo una de las innumerables series o películas de gladiadores que se han filmado en nuestro siglo actual. Cuando uno está sin ganas de actividad cognitiva busca el deleite pasivo, y como la violencia y el sexo abundan en estas producciones, la oferta me pareció aceptable para pasar el rato.

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El malote

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No se nos escapa que Mariano José de Larra fue tentado al duelo por retratar a los mediocres en sus escritos, y tampoco que el mismo Francisco de Quevedo hubo de batirse en repetidas ocasiones en las calles de Madrid por dedicar sonetos a los cornudos. Si hay mediocres en Castro Urdiales, es como preguntar si hay mar; y sobre si hay cornudos, es cuestión que preferimos no referir, que más vale ser rey de nuestro silencio que esclavo de nuestras palabras, que diría el Bardo.

Pero nosotros no tenemos el genio cáustico de aquellos dos hombres, así pues, aunque haya en Castro tantos malotes como trasgos en las Minas de Moria, comenzaremos a partir de aquí con nuestro primer artículo de costumbres.

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Historia de Castro II: Esplendor y decadencia

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Asegura Javier Echavarría que «no hay suceso naval de resonancia al que Castro no haya enviado alguno de sus hijos», y no le desmienten los muchos sucesos que recopila en su libro. A continuación expondremos los hechos de mayor relevancia a fin de que podamos comprender el papel desempeñado por nuestra villa a lo largo de los siglos.

Reconquista de Sevilla

Para el éxito de esta empresa era necesario contar con una armada potente que pudiera someter la flota árabe y dominar el Guadalquivir, y de este modo cortar el suministro que llegaba a la plaza sevillana desde el norte de África. Fernando III recurrió a un marino experto que ya había mostrado anteriormente su talento militar: Ramón de Bonifaz, quien no tuvo dificultad para reclutar una tripulación en Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera para acometer la misión, en la cual también tomarían parte marinos vascos y gallegos.

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La entelequia de la patria

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En el artículo Historia de Castro (I): Flavióbriga recordábamos que Bilbao, y otros municipios vascos, habían reclamado para sí la filiación histórica de la colonia romana antes de que fuera evidente que correspondía a Castro Urdiales. Este nuevo artículo parte de la reflexión de este hecho.

Atribuirse identidades para vanagloriarse de un pasado glorioso ha sido y es algo muy acostumbrado entre todos los pueblos de Europa; algo parecido ocurre cuando una nación se autoproclama padre de algún personaje ilustre: véase el ficticio don Quijote entre distintos pueblos de la Mancha o el histórico Cristóbal Colón entre catalanes, portugueses y genoveses, entre innumerables ejemplos más.

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Historia de Castro I: Flavióbriga (o de cómo nuestros abuelos romanos violaron a nuestras abuelas celtas)

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Mi madre tiene de castreña lo mismo que mi padre de lector, por eso hace unas semanas, cuando buscaba un nuevo libro que leer, me sorprendió encontrar por casa un viejo ejemplar de Recuerdos históricos castreños (1898), de Javier Echavarría. Enseguida leí la palabra «instituto» manuscrita en la portada, así que lo más probable es que lo tomara de su biblioteca para hacer algún trabajo y después me olvidara de devolverlo (y quizás también de hacer el trabajo). Prometo pasar por el instituto próximamente y devolverlo, aunque sea con 15 años de retraso; pero antes quisiera escribir sobre algunos de los contenidos que encuentro en verdad interesantes.

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Presentación de Cadetes de Gascuña

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Cuando leo algo que he escrito tengo sensaciones ambivalentes: por un lado siento satisfacción si considero que está bien discurrido y expuesto; pero por otro siento cierta angustia. Cuando se escribe se vierte aquello que cada uno guarda en lo más profundo de la mente, y en verdad hay que tener valor para adentrarse y contemplarnos en nuestra verdadera esencia. Es por esto que leerme (y que me lean) me da una sensación de vulnerabilidad, de fragilidad, de la más absoluta desnudez. Era inevitable, supongo, que terminara por crear el blog, pero este párrafo explica que me haya costado un poco dar el paso definitivo.

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